De México a Bolivia: La Lucha Contra El Neoliberalismo

Junio, 2006

 

Siguiendo las expropiaciones del petróleo en Bolivia y un reavivamiento del PRD izquierdista en México, han habido varios artículos en The New York Times, The Wall Street Journal y The Economist sobre las perspectivas de un resurgimiento del Izquierdismo en América Latina y lo que esto significaría.  Después de leer esos artículos, creo que Centroamérica probablemente no esta en peligro de volver al autoritario estado-dirigido de modelos económicos del siglo veintiuno. México quizás lo esté Repasemos algunos eventos recientes.

 

Evo Morales gano la presidencia de Bolivia en diciembre pasado, y anunció prontamente que nacionalizaría el petróleo del país y los recursos del gas;  redistribuyó algunas propiedades privadas;  y legalizó la coca como una cosecha (como algo distinto de la cocaína).  En mayo envió al ejército para que en su ejercicio se ocuparan de las compañías de petróleo extranjeras, no para manejarlas, ya que a Bolivia le falta la especialización técnica para hacerlo- sino como con un garrote para extraer más impuestos de las compañías de petróleo extranjeras.  Esto agrada a su base populista, que espera extraer fortuna de los negocios de la comunidad extranjera.

 

Morales es señalado por su solidaridad con Hugo Chávez de Venezuela y la izquierda latinoamericana cuando anunció que: “mañana serán las minas, los recursos del bosque, y la tierra,” sobre lo cual el gobierno boliviano tomará el mando (1). Además él estableció en términos directos y oblicuos  su solidaridad con la izquierda para destruir a los Estados Unidos  -flagelando contra los propósitos del pacto de Libre Comercio de las Americas y “el neoliberalismo”.

 

Cuando yo primero escuché la palabra “neoliberalismo” fue en la escuela superior hace seis años, realmente nunca creí  que este término representara con precisión la conomía del mercado libre.  Uno de mis profesores me explicabó que representa un retorno a la economía del libre mercado sin regulaciones del siglo diecinueve, que fue llamado Liberalismo.  Por lo tanto, el retorno al capitalismo desregulado del siglo diecinueve es “neoliberalismo”.

 

Es interesante, que el “neoliberalismo” se ha vuelto sinónimo de los Estados Unidos - no solamente con negocios de EE.UU., sino también con el país y su cultura en conjunto.  Esto no toma en cuenta que la mayor fuente de inversión extranjera actualmente en Latinoamérica es el lejano este. En la tierra que inventó la “Teoría de la Dependencia,” ponerse en contra los EE.UU. es un símbolo de resistencia a la opresión extranjera.  Lamentablemente, esto ocurre no solo dentro de la clase trabajadora y los pobres, sino también entre los intelectuales de América Latina.  Solamente en la comunidad de negocios encontrara a personas quienes valoran la  eficacia, el avance por medio del mérito, y la protección legal de derechos personales y a la propiedad privada.

 

La etiqueta se ha vuelto simplemente un eslogan.  Sin embargo, es inexacto,  porque no describe verdaderamente la política economca de los Estados Unidos.  En los EE.UU. ninguna de las estructuras estatales regulatorias que se entretejen en la vida económica habían sido creadas en el siglo diecinueve.  No había control sobre monopolios.  (El Tratado Sherman contra el Monopolio fue establecido en 1890 y no fue vigorosamente aplicado hasta la presidencia de Teddy Roosevelt después del cambio de siglo.)  Allí no había ninguna agencia que regulara el ferrocarril y las vías de comunicacion y acceso.  La Legislación de la Comida y Medicamentos Puros no sería establecida sino hasta las reformas progresivas a principios del s. XX.  No había seguridad social, efectiva regulación bancaria; Seguro Medico; ninguna ley para niños trabajadores; ningún derecho legal a paros o estar de huelga frente al lugar del patron o del negocio.  No había ningún mandato federal para proporcionar educación universal o monitorear normas educativas. No había ninguna Agencia de Protección al Ambiente.  No existía Affitmative Action. No había ninguna vestigio del abanico de regulaciones y prohibiciones establecidos en la última década que establecen al estado como el protector de la seguridad individual y de salud. Todas estas cosas son parte del modelo económico de los EE.UU., el día de hoy. Entonces, ¿Cómo exactamente es que la economía política de EE.UU es  “neoliberal?”

 

En verdad, muchas de estas protecciones no existen en América Latina, y ésa podría ser la llave para el entendimiento del porqué las reformas económicas liberales no han sido más exitosas.  En tanto que la liberalización económica en América Latina sea “neoliberal”, esta refleja el fracaso de países organizadores en  construir las instituciones políticas y cuerpos regulatorios que los EE.UU. establecieron desde hace décadas. Ese fracaso es interno y político; no externo y económico, como los proponentes de la teoría de la Dependencia dicen. La reacción del estado hacia ese fracaso también es interna, y esencialmente retrógrada. La consolidación del poder implícito por la resurgente izquierda es innegablemente indígena, y se apoya enuna historia de  antagonismos de clase.

 

Uno de los efectos de la globalización ha sido la extensión de capital, industria y tecnología de países desarrollados a países subdesarrollados. Un corolario de flujo de ideas de libre mercado y de especialización técnica ha venido con él. Cuando una armazón de intelectuales jóvenes egresados en las universidades de EE.UU. en negocios y administración pública vinieron a la escena política hace aproximadamente veinte años, contribuyeron con el movimiento de reforma liberal que corrió a lo largo de México y América Latina.  El movimiento era “liberal” en el sentido clásico - hacia mercados libres y gobiernos limitados- y esto es llamado “el Consenso Washington”, aunque tomó formas diferentes de México a Argentina, Brasil y Chile. Más de una década más tarde, muchos han pronunciado el movimiento como un fracaso, porque cerca de  la mitad de ciudadanos de América Latina todavía viven en pobreza y los beneficios de estas reformas han ido a una minoría de ciudadanos de América Latina.  Como decimos en Estados Unidos siguiendo una década de “suministro lateral” económico, “El rico se puso más rico y el pobre se puso más pobre.”

 

Establecer en dónde erró el movimiento de la reforma liberal, toma algo de tiempo, pero más importante, requiere de voluntad de dejar de pensar en términos de dos visiones alternativas de sociedad: socialismo y “neoliberalismo”. Álvaro Vargas Llosa, en su libro Liberty for Latin America, sugiere que los fallos han sido institucionales. Su prognosis es que hasta que se arreglen las instituciones en América Latina o sean creadas instituciones nuevas, ambos programas izquierdista y “neoliberal” fallarán en el futuro de la misma manera que han fallado en el pasado.  América Latina nunca ha construido el tipo de armazón institucional que los EE.UU. creó durante la Era Progresiva, que construyó en los 1940’s y 1960’s.  Por todas esas reformas “socialistas”, los EE.UU. mantuvieron un sistema del mercado libre, con participación amplia y procesos democráticos.

 

Quizás debemos llamar el regreso a soluciones socialistas de “neo-estatismo” en América Latina.  Ése sería un sistema donde todos los derechos pertenecen al estado, y se les asignarían algunos de estos derechos temporalmente, a entidades privadas que son favorecidas por el estado. Eso es lo que implica que el estado controle los recursos, inversión, comercio y recursos extranjeros.  El punto importante que quiero tomar del trabajo de Vargas Llosa es que él reconoce que la presente ola de soluciones estatales no es un remedio a la pobreza y desigualdad.  Este fue el paradigma dominante en América Latina en gran parte del siglo XX y, aunque alivió los problemas extremos de desigualdad (reforma de la tierra, por ejemplo), no proporcionó un modelo sustentable para resolver esos problemas.  Las economías controladas por el estado en América Latina enfrentaron los mismos problemas que las economías controladas por el estado en en Europa Oriental.  Aunque las  reformas liberales tampoco han resuelto estos mismos problemas, reflejan una alternativa sostenible en contra del “neo-estatismo”: economías del mercado libre y procesos democráticos.  Esta alternativa ha tenido mejores resultados que los que el público se ha dado cuenta. A continuación les doy unas cuantas estadísticas que apoyan estas declaraciones.

 

El crecimiento global del Producto Interno Bruto (PIB) en 1992 fue 1.2%, y la inflación corrió  aproximadamente en 35%.  Durante los siguientes trece años de globalización y del movimiento de privatización “neoliberal” alrededor del mundo, mejoró la prosperidad global.  Durante ese tiempo (de 1993 al 2006) la razón promedio anual del PIB creció aumentando a 3.9%, después se ajusto a los diferentes países la paridad de la adquisición.  La inflación para todo el mundo se desaceleró a 3,7% en 2005.  A pesar de un acrecentamiento en la población mundial, el PIB por persona aumentó a razón de un promedio anual del 2.5%, ajustándolo de nuevo por paridad de adquisición. El número de personas viviendo en extrema pobreza se ha reducido por varios cientos de millones de personas, así como un porcentaje total de la población global- del 22% en 1993 a 17.8% en 2001.  (2)

 

Para financiar más gasto social, muchos gobiernos han privatizado los servicios del gobierno buscando proporcionar servicios públicos más eficientes. Esto significa, en efecto, que el dinero se saca de las manos de los grupos protegidos clientelistas "busca-rentas" y es puesto a trabajar en donde ayudará a las personas que más lo necesitan - o simplemente será puesto a trabajar en proyectos de infraestructura que beneficien a toda la sociedad.  The Economist considera que las tendencias hacia los servicios eficaces y el gasto del trabajo público sobrevivirán la corriente de cambio electoral hacia la izquierda.  Esta publicación razona que los éxitos del paradigma económico reformista hará difícil a la izquierda en la construcción de un acuerdo general por un retorno a políticas estáticas del “neo-estatismo”.  Eso implica una continuación del estatus quo: una continuación de las reformas liberales económicas en América Latina en donde los ahorros en el presupuesto son asignados para el bienestar público.

 

La ironía de la nacionalización de compañías privadas y la confiscación de ingresos y recursos de los negocios no es solamente que se ahoga la inversión futura y los prestamos internacionales, eso ya lo esperan los socialistas.  De hecho, los intelectuales latinos aceptan con gusto economías cerradas y autarticas porque creen que realmente la pobreza se empeora por el comercio e inversión con países adinerados.  La verdadera ironía es que los esfuerzos de autosuficiencia económica crean un grupo de parasitos clientelistas dependientes en el gobierno. La realidad del parasitismo es complementada por la idea de auto-enriquecimiento por favoritismo político - el “arrendarse” en el gobierno.

 

La propiedad estatal de industrias y servicios y las leyes que protegen y subsidian a estas industrias, existen para servir a sindicatos poderosos de obreros y a grupos clientelistas políticamente importantes, y no ayuda a la sociedad o a los pobres.  Esta situación perjudica a los pueblos de Latinoamérica porque desalienta  la transparencia, toma de responsabilidades y la ineficiencia del gobierno.  Lo que lo público recibe son servicios ineficaces y productos de mala calidad, vendidos a precios inflados. Las fábricas mexicanas administradas por el estado vinieron a parecerse a las fábricas soviéticas de tractores cuyas entradas valían más que el tractor terminado.  La privatización garantiza calidad y proporciona ahorro de costos.

 

América Latina tiene ahora su propia fuente de “neoliberalismo” partidario, muchos de los cuales se dan cuentan que la inversión extranjera y tecnología less ayudará a aprovechar el presente auge del valor de productos y mercancías. América Latina nunca ha sido hábil en crear industrias de valor agregado (llamadas “eslabones”) para actualizar su base tecnológica industrial.  Si se asusta a los inversionistas del extranjero por causa de las rápidas expropiaciones de riquezas, estos países podrían sufrir más tarde.  Esa realidad podría evitar que otros presidentes populistas, fuera de Venezuela,cumplan con sus promesas de campaña para regresar a posturas de principios del siglo XX.

 

Aquí es comentado por Maros Jank, el presidente brasileño del Instituto de Negociaciones del Comercio Internacional (ICONE), sobre el movimiento de Evo Morales en nacionalizar la producción del petróleo de Bolivia:

 

En éste, el más reciente capítulo de una triste tradición latinoamericana, la economía debe transmitir por lo menos una lección importante:  allí verdaderamente no hay ningún almuerzo gratis.  La nacionalización de Bolivia podría rápidamente tornarse en un manejo incompetente y sin control alcahueteando y dando empleos por razones políticas.  El populismo barato rápidamente se torna en crisis de producción e inversión, con la inflación rápidamente ganando terreno, bajos niveles de crecimiento y aumento escalado en la deuda nacional acumulada (3)

 

Marcos Jank basa su argumento en la historia, al igual que yo.  El movimiento de la privatización en México, por ejemplo, comenzó a principios de los 1980’s en respuesta a la crisis de la deuda del país y al de-facto de la bancarrota.  Bajo la presión que recogió en los 1990’s el presidente Salinas de Gortari. Otros países latinoamericanos siguieron esta corriente, esperando encontrar políticas económicas sostenibles que evitaran el auge del gasto y los ciclos de inflación que golpearon en el pasado.  La privatización no es una panacea, sin embargo, y la persistencia de la pobreza en América Latina crea un sentido a esas reformas económicas liberales que están sub entregadas, aunque me opondría a que tengan probabilidad de estar por encima del prometido.  Con la desilusión de las reformas “neoliberales” que los estados de América Latina declaran han tomado por los últimos quince años más o menos, no es sorprendente que el “neo-estatismo” este teniendo un reavivamiento.

 

 

A pesar de la animosidad popular a las reformas "neoliberales", lideres latinoamericanos continúan abogando para sostener políticas basadas en el mercado porque reconocen que son más eficaces que sus alternativas socialistas.  Es por esto que los autores The Economist son sanguíneos sobre los efectos de la presente ola de populismo en América Latina. Señalan ese liberalismo que tiende en una magnitud a ser institucionalizada en política más democrática y transparente, privatizando industrias estatales, y compromisos de tratados de libre comercio.

 

El sistema del seguro social de Chile es privado, y en México Vicente Fox recientemente ganó una victoria en el legislativo al requerir más contribuciones de los empleados para el sistema de jubilación mexicana.  La reforma de la nueva pensión fue recibida con protestas por cientos de miles de personas, que marcharon por las avenidas de Ciudad del México.  A pesar de su impopularidad, la privatización continúa en mucho de América Latina y México porque los resultados generalmente son positivos.

 

Nuevamente, en el caso de Bolivia: la fuente de la presión para contener la nacionalización de la industria del petróleo no será de los EE.UU. sino del inversionista más grande de Bolivia y compañero del comercio, Brasil.  Bolivia no tiene los recursos del petróleo de Venezuela, y no puede producir lo bastante como para confrontarse con la comunidad de negocios internacional.  Política izquierdista y grandes pagos obligados a las compañías del petróleo ya han minado la inversión extranjera en Bolivia aproximadamente $84 millones el año pasado.  (4)

 

El presidente de Brasil Lula de Silva tiene mucha influencia con su vecino porque la compañía de energía brasileña Petrobras podría ser únicamente (ciertamente el mayor) el jugador restante para ayudar a Bolivia en desarrollar sus recursos de gas y petróleo. Petrobras no estará muy deseoso de invertir en la infraestructura del petróleo de Bolivia si sus ejecutivos creen que Morales nacionalizará (confiscara) su planta y equipo para satisfacer sus promesas de campañas populistas.  Para prevenir queel socialismo boliviano se convierta en un relfejo del estilo soviético de igualdad en la pobreeza, Bolivia requiere de la inversión y especialización de empresas de energía extranjera.  ¿Será Brasil el país que ejerza una influencia "neoliberalista" en el gobierno de Bolivia?

 

Álvaro Vargas Llosa mantiene que el presidente Luiz Inacio Lula de Silva, elegido como a un izquierdista, será una influencia moderadora en Bolivia.  Vargas Llosa caprichosamente divide a la izquierda latinoamericana en Izquierda "vegetariana" e  Izquierda "carnívora" (5). El izquierdista vegetariano es similar a los social demócratas europeos –que apoyan la democracia, libres mercados, y grandes gastos sociales.  El izquierdista "carnívoro", por el que Hugo Chávez en Venezuela pudo ser portavoz regional, que cree en regímenes autoritarios con un estado centralizado que controla la economía.  Su pensamiento es duro-centro socialista, y el eslabón entre el estado de poder y el estilo socialista "carnívoro" es cuestión de registro histórico. Vladimir Lenin escribió que una "dictadura del proletariado" era necesaria para ejercer el poder policiaco que es necesario para confiscar y controlar la propiedad privada, suprimir elementos burgueses, y establecer el control del estado por encima de la industria privada.  Un siglo más tarde, Hugo Chávez justificaría su poder consolidado como necesario para parársele a los EE.UU. y sus aliados (oradores académicos de bancos internacionales e inversores) "neoliberalistas".

 

Escritores para The Economist argumentan que ya que el verdadero socialismo requiere tal concentración de poder en las manos del estado -la autoridad central estatal, y no la descentralizada por autoridades provinciales- sería realmente más difícil de llevar a cabo en Bolivia ahora que una década de economía liberal y reformas democráticas han pasado.  Establecer un control centralizado desafiaría a un país con lealtades regionales fuertes y con existencias fragmentadas de partidos socialistas.  A los socialistas igualmente les gusta su libertad, y esta autonomía local improbable se rendirá al gobierno nacional rápidamente o fácilmente. La pregunta más importante que enfrenta el Hemisferio Occidental este verano es si este razonaliento se aplica a México. ¡Interesantemente, no sería Bolivia sino México  quien imponga la mayor amenaza potencial al escenario de la  reforma!

 

México tiene elecciones presidenciales el dos de julio del 2006, y se esta construyendo una competencia para la presidencia entre López Obrador, el alcalde anterior de la Ciudad de México, y Felipe Calderón, un conservador moderado del PAN.  Desilusión con la presidencia de Vicente Fox traería una reacción populista, y con él la elección de López Obrador, candidato del PRD. Obrador es un "dinosaurio"- una criatura del estado burocrático pre-reforma. Es alentador que su ventaja no es clara y que Felipe Calderón lo aventaja en las encuestas de Zogby Internacional en la pre-elección aproximadamente un cinco por ciento, y que tiene una oportunidad real de aventajarlo (6). Esto puede darle al PAN un mandato para continuar el legado inacabado de las reformas económicas liberales que comenzaron en los 1980’s después del colapso económico de México.

 

En contraste el PRD ha defendido una economía cerrada y de retorno al "arendamiento" del estado que beneficia a grupos políticamente bien conexos al gasto público por décadas.  El programa del PRD volvería a México a retroceder hacia las políticas de subsidio gubernamental y propiedad de industria; el control del gobierno de los sueldos y precios; control del gobierno en actividades financieras; y la renovada intrusión de la burocracia mexicana en la política nacional como un actor por sus propios intereses económicos- un grupo de interés en sí nismo.

 

Interesantemente, es candidato del PRI, Roberto Madrazo, quien probablemente tenía la mejor oportunidad de ganar temprano la elección, ahora se encuentra detrás de los otros dos candidatos. El propuso un programa equilibrado, incluyendo la continuación de las reformas liberales, sin embargo, públicamente todavía estuvo al lado de la izquierda.  El esta ahora atrás en las votaciones porque no quiso forjar las alianzas importantes dentro del PRI que ayudaron a sus predecesores del PRI ha alcanzar un "acuerdo general" de gobierno.  Por más en la historia del PRI y el acuerdo general llamado gobierno de la Familia del Revolucionario, vea mi documento titulado "México en Transición," aquí en nuestra sección del librero.

 

 Lo qué es preocupante sobre la elección mexicana en la retórica socialista "carnívora" de los dinosaurios del liderazgo de los partidos PRI y PRD.  Los dos partidos han anunciado un frente unido contra el PAN, diciendo que rechazarán la elección si resulta Felipe Calderón  ganador, amenazando con enviar a sus miles de partidarios  a las calles.  Si es elegido, Obrador su desempeño volverá a las raíces de la revolución del PRD de los años 1930’s, y purgar (por supuesto) a quienes abogan por el  "neoliberalismo " de su gobierno.

 

Manuel Camacho del PRD le dijo al Financial Times:

 

"... habrá demostraciones de una escala que raramente se ve en México y que se hará muy difícil de gobernar, sin importar quien gane." (7)

 

Lo interesante, no es eso, sino que los partidos que supuestamente representan “al pueblo" tienen una ruidosa agenda antidemocrática -de México a Bolivia.  Sus lideres están en una posición insostenible como reformadores democráticos- defendiendo a los grandes poderes al estado; la abrogación de los derechos de propiedad y la subversión de las reglas de ley a la conveniencia política.  ¿Puede que todavía hagan que sus bases populares demanden de reformas antidemocráticas?  Puede que sea demasiado pedir a Evo Morales y López Obrador que ignoren las demandas de sus partidos y sus grupos clientelistas del todo, pero debemos esperar que las elites políticas moderen esas demandas. Después de todo, un rasgo de liderazgo es ignorar la presión de hacer las cosas mal.

 

¡Los académicos americanos y latinos podrían ayudar! Podrían detener la caracterización de  políticas liberales como una forma de imperialismo, y parar de presentar reformas como una opción falsa entre el "neoliberalismo" y el socialismo.  Para una comprensión más sofisticada de las alternativas de América Latina, recomendaría que lean el libro de Álvaro Vargas Llosa.

 

Junio, 2006

 

Fuentes:

 

(1)        Tucker Herbert, "Expropriation in Vogue?" The Stanford Review, 5/12/06, 8.

(2)        Bill Emmott, "A Long Goodbye," The Economist, 4/1/06.

(3)       Marcos Jank, "ALCA vs ALBA" Latin Business Chronicle, (downloaded from http://www.latinbusinesschronicle.com/reports/opinion/052906/jank.htm, 6/1/06)

(4)        Wall Street Journal, 5/26/06, A6

(5)       Álvaro Vargas Llosa, "No Left Turn," The New York Times, Op-ed, 12/27/05. (Also reprinted by The Independent Institute and Venezuela's Daily Journal.)

(6)       Manuel Suarez-Mier, "Democracy at Risk South of the Border,"  The Wall Street Journal, 5/26/06, A11

(7)        Manuel Suarez-Mier, A11