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| Larry Bennett |
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Siempre había sentido que era extraño pasar tanto tiempo en el Medio Oriente y Europa cuando México está aquí, en nuestro –no, nosotros estamos en su patio trasero. Así es que, finalmente, viajé ahí con la meta de visitar y conocer un poco de su tierra. Brevemente me recordó a Egipto. Ambos lugares tuvieron una grandiosa antigua civilización, y sus vestigios se encuentran por doquier –en el arte, la cultura, en las caras de la gente, las cuales con mucha frecuencia parecen misteriosamente similares a aquellas talladas en piedra por los Aztecas y Mayas…
Ciudad de México, viernes 30 de octubre, 1998
Exploré la ciudad por mi mismo. El área central se encuentra aglomerada y está sucia y ruidosa, pero no es fea. Los edificios no son altos, y hay muchos construidos de piedra o ladrillo, con diseños en bajo relieve. Más colores que en los Estados Unidos. Hay un puesto de periódicos o de aseo de calzado en cada esquina, y puestos de comida callejera por todas partes; gente vendiendo jugo recién exprimido y artesanías indígenas, pordioseros en las calles, un hombre afilando cuchillos con una piedra de afilado montada a una bicicleta. Más iglesias que en toda Italia. Una sensación europea de antigüedad e historia.
VW convertidos a taxis verdes por todas partes. Mexico es una “República Volksvagen” después de todo. Los choferes conducen por las calles llamadas “20 de Febrero” o “15 de Septiembre” –fechas en que los héroes nacionales Carranza, Morelos e Hidalgo guiaron a ejercitos de pobres a la lucha y a a matarse unos a otros en nombre de la liberación, y no mucho cambió después de esto. México tuvo un segundo levantamiento armado un siglo después, y de nuevo no muchos cambios. Pienso en la declaración de Jefferson respecto a que se necesita una revolución de vez en cuando para asegurar que la justicia se logre. El PRI, o “Partido Revolucionario Institucional” ha permanecido en el poder por 70 años, ¿Cómo puede ser algo revolucionario e institucional al mismo tiempo?
Encontré un pequeño establecimiento en donde vendían tamales y tuve mi primera experiencia con el maíz. Estoy en México y todo lo que quiero comer es maíz. Quiero evitar la comida callejera, pensando en el artículo en el que leí que 60,000 personas mueren en Mexico cada año por envenenamiento con comida a causa de la comida que se vende en las calles. Vi a un hombre caminar en la calle cargado con un carrito, más grande que un carrito de supermercado, completamente lleno de pollos recien matados, pintados con algún tipo de solución amarilla. Poco después vi al mismo hombre acompañado de dos más echando los pollos amarillos en la parte trasera de una camioneta en donde aterrizaban encima de un pila de hielo triturado.
Mientras comía mis tamales escuché el sonido de un tambor. Salí a la calle. Un hombre indígena moreno estaba caminando por la calle tocando un pequeño tambor con una mano y tocando una flauta con la otra. Estaba vestido con un colorido atuendo con plumas, con una brillante pechera y taparrabo, como si acabara de salir de un calendario azteca. Su hija iba pasando el sombrero para recibir donaciones. Kim más tarde me explicó que algunas veces los campesinos vienen de sus pueblos con esos atuendos para reunir un poco de dinero. Sin embargo, él no estaba trabajando como atracción para los turistas, sólo recorriendo un barrio.
Al caminar por la calle escuché música por todas partes, en los puestos en donde se venden cassetes, saliendo de las tiendas, en los mercados. Salsa, norteña, cumbia. No puedes estar de mal humor con la cumbia flotando en el aire. Ni siquiera puedes sentirte cansado por el viaje en avión.
Cerca del hotel escuché lo que creí que era alguien tocando el violín. Seguí el sonido y encontré a un hombre sentado en la acera, sosteniendo una hoja de aguacate frente a su boca. Estaba soplándola exactamente de la manera correcta para producir música agradable. Su entonación era buena y la música tenía un ligero aire gitano. El hombre tocaba con su mano izquierda porque no tenía el brazo derecho.
Junto a la catedral yacen las ruinas aztecas del Templo Mayor, que fueron descubiertas en las últimas dos décadas, y hay un museo a un lado de las ruinas para explicar la razón de su existencia. Me paré para ver por encima de la reja que guarda las ruinas y un joven se me acercó para ofrecerse como guia y mostrarme los alrededores por 100 pesos, $10 dólares mas o menos. Decliné su ofrecimiento, pero como él no tenía mucho trabajo platicamos por un rato. El guía me dijo que había votado por Cuauhtémoc Cárdenas para alcalde de la Cuidad de México, y que él pensaba que hacía falta otra revolución.
A unos cuantos metros de nosotros una docena de muchachos estaban vestidos como Aztecas, danzando al ritmo de un tambor. Estaban vestidos con plumas y ropas coloridas similares a las del hombre que había visto antes en la colonia de los pollos amarillos, sólo que más extravagantes. El guía me dijo que eran practicantes de la Religión Azteca, (excepto por los sacrificios humanos, supongo) la cual sostenía que cada 52 años ocurrían cambios importantes. Los aztecas acostumbraban reconstruir sus templos cada 52 años. Este año, 1998, representaba el siguiente incremento de 52 años. No había indicación de lo que pretendían reconstruir, pero los aztecas estaban recolectando dinero de entre los turistas.
Miré dentro de la Catedral y me dí cuenta que estaba lleno de andamios verdes que sostenían en su lugar toda la estructura. Había una plomada del tamaño de una sandía colgando del domo central. El guía me dijo el día anterior que todo el edificio de la Catedral se estaba hundiendo y que no había mucho que se pudiera hacer al respecto, y que él no lo lamentaba.
En el Zócalo había una gran muestra fotográfica del daño que el huracán Mitch estaba causando, al azotar no sólo a Honduras y Nicaragua, sino también parte de la Península de Yucatán. También había una mesa en donde podías comprar literatura y botones del EZLN, el Ejército Zapatista que sostiene una pequeña rebelión en Chiapas.
Pósters de propaganda política se podían encontrar en toda la ciudad, porque las elecciones municipales iban a llevarse a cabo en todo el país el 8 de noviembre. Nada como un mundo empapelado con las caras de los políticos para inspirar cinismo respecto a los políticos. Vi a un holmbre leyendo un panfleto acerca del EZLN, usando una camiseta con logo del PRD o Partido de la Revolución Democrática, el partido de Cárdenas. Cárdenas y su partido se supone que son mejores que el PRI, un cambio de aires, por así decirlo; pero también vi pintas por toda la ciudad protestando en contra de el gobierno represivo de la Ciudad de México, de la que él es alcalde desde 1996.
Pátzcuaro, domingo 31 de octubre.
Tomamos un autobús hacia el oeste, a Morelia en el estado de Michoacán. El autobús es el más cómodo en el que he viajado, especialmente después de estar en Bosnia. Hay más espacio entre los asientos que en un avión, para extender las piernas; te dan comida y bebidas y tienen pequeñas televisiones en las que puedes ver películas. Pasamos algunos de los desarreglados suburbios del DF, y después nos adentramos en las colinas cubiertas de pinos.
Durante el viaje leí un artículo en el periódico en el que se describía cómo las fuerzas policíacas estaban confiscando autos robados y quedándoselos para ellos mismos o vendiéndolos.
Encontramos un hotel cerca de la estacion de autobuses, y después tomamos un autobús a Pátzcuaro, un pueblo que se encuentra a más o menos una hora de Morelia. Era el Día de Muertos , una de las más importantes festividades en México, cuando la gente va a los panteones o cementerios y se pone en contacto con sus ancestros ya fallecidos. Esta tradición encaja dentro del espíritu del catolicismo, pero se remonta a mucho más atrás en el pasado indígena, antes del catolicismo.
El pueblo de Pátzcuaro se encuentra en las orillas de un gran lago del mismo nombre. Fuimos al embarcadero del lago en donde se puede encontrar una gran cantidad de de tiendas y restaurantes. Queríamos ir a la isla de Janitzio, en donde se lleva a cabo una celebración especial, pero había una gran multitud esperando para poder embarcarse en una de las lanchas veloces que hacen el viaje de 20 minutos. Caminamos en los alrededores escuchando las bandas callejeras que tocaban música folklórica del lugar, con guitarras, viollines y una trompeta o dos.
Cuando supimos que este iba a ser el último día de las festividades, nos pusimos en fila a esperar durante una hora y después nos embarcamos a la isla. Fue una travesía un poco espeluznante en la obscuridad, con improvisadas bollas marcando el camino en el agua. Había setentaytantas personas abordo de la barca en la que nos acecabamos a la isla brillantemente iluminada. Llegamos finalmente a una pequeña villa construida en la empinada ladera de una colina, con caminos onduleantes que ascienden la colina y a lo largo de la cual se encuentran tiendas de comida y artesanías. Las mujeres cocinaban por doquier, vendiendo pescado frito, frutas y panes. Niños con máscaras se nos aproximaron, cargando linternas con forma de calabazas y pidiendo un peso o dos. Los mariachis y las bandas de música norteña caminaban alreredor.
Subimos los escalones de piedra más allá de la costa, pasando junto a mujeres ancianas y niñitas que acomodaban sus ollas de barro. Muchas de las mujeres y niñas vestían sus ropas tradicionales: faldas tableadas, blusas coloridas y rebozos negros con rayitas azules. Encontramos el cementerio a la mitad de una colina, bajo ujn risco. Las ceremonias no iban a comenzar sino hasta la media noche, pero el cementerio ya estaba cubierto de pétalos color amarillo oro. Caminamos un poco más arriba del risco y descubrimos que desde ahí podíamos observar un grupo de baile que estaba actuando junto al cementerio. Aproximadamente dos docenas de jovencitos estaban bailando, moviendo unos bastones de madera en el aire, dando vuelta y golpeando unos con otros sus bastones. Había una banda de metales, y de vez an cuando el saxofonista tocaba un solo, acompañado por la tuba. Esta combinación resultaba muy graciosa, especialmente porque estaban fuera de tiempo y mal entonados, pero su sonido era reconfortante.
Uruapan, miércoles 4 de noviembre.
Viajamos a Uruapan, al oeste de Morelia. Uruapan es una ciudad común y corriente, de calles maltrechas y polvorientas, con cafés baratos, panaderías y tiendas de ropa. Nuestro hotel estaba en la parte más elevada de la ciudad, junto a un Parque Nacional. Caminamos por la plaza de armas, con la siempre presente iglesia por un lado. Las calles que rodeaban la plaza estaban llenas de hoteles, gente haciendo sus compras, puestos de periódicos y vendedores de comida ambulantes. Al fondo del zócalo, habia un mercado estrecho que se extendía a lo largo de varias cuadras y que después se abría perpendicularmente por una calle. Tenía toldos de fibra de vidrio corrugado y la calle estaba repleta de puestos y compradores. En este mercado se podía comprar frijoles a granel, cassetes, zapatos, ropones para bautismo, ropa interior, cacahuates, hamacas y todo lo que se pudiera uno imaginar.
Había un hombre agachado sobre la banqueta vendiendo nopales. Tenía una multitud de mujeres reunidas alrededor y predicaba los beneficios curativos naturales de la planta. El vendedor tenía carteles de anatomia desplegados y una iguana de casi 30 centímetros atada a una correa. El vendedor repetía su letanía con la seriedad e intensidad de un predicador, y la escena llegaba al punto de que cuando el vendedor dirigía preguntas retóricas a su audiencia, los espectadores afirmaban con la cabeza. No compramos nada.
Ese día leí en el periódico que 80% de las donaciones internacionales de ayuda humanitaria que se canalizan a través de agencias del gobierno en México “se pierde”.
En la pared , en una locación prominente cerca del zócalo había un grafitti que leía: “ 30 años después de Tlatelolco; Porque el color de la sangre no se olvida”. Tlatelolco es la plaza en México en donde grupos paramilitares del gobierno Mexicano masacraron decenas de estudiantes durante las protestas de 1968, en las vísperas de los Juegos Olímpicos en México.
Tzararacua, jueves 5 de noviembre.
Caminamos en el gran parque nacional que se encuentra junto a nuestro hotel, decenas de acres de bosques bien conservados, con un río que corre a través de él, y que se rompe en más o menos ocho cascadas, sobre las que cruzan puentes de madera, y adornado por mariposas blancas tan grandes como la palma de la mano. Arboles de plátano se alínean a la orilla del río, y hay un puesto de comida aquí y allá. Al final del camino hay un lago llamado Rodilla del Diablo. Por una pequeña propina, un niño te recita la historia oral de ese lago y el porqué fue llamado Rodilla del Diablo.
Tomamos el autobús para ir a la Tzaráracua, otro parque con bosques y una palabra bastante divertida de pronunciar. Pasamos varios kilómetros antes de entrar a un gran cañón rodeado de bosques de pino, cedros y árboles de aguacate. Bajamos por un pequeño sendero hasta el lugar en el que una gran cascada cae desde un risco. Además de la cascada, pequeños riachuelos confluyen en el lago desde diferentes direcciones. Otros turistas estaban haciendo la caminata de media hora a caballo.
Estabamos a punto de emprender el regreso, cuando uno de los guias a caballo, que lucía un sombrero de paja nos preguntó si habíamos ido a la Tzararacuita, una palabra todavía más divertida de pronunciar que Tzaráracua. Es una cascada más pequeña un poco más adentrada en el bosque. Yo me encaminé a buscarla, mientras pensaba en la posibilidad de encontrarme osos y bandidos. Me desvié un poco y terminé en la punta de una colina, desde donde pude divisar una presa a la distancia. Cuando caminaba de regreso, vi un enorme animal negro que caminaba directamente hacia mí. Resultó ser un joven novillo, que afortunadamente no mostró ningún interés en mí. Encontré la Tzararacuita, completamente escondida en el bosque, visitada por unos cuantos chicos nadadores y una pareja de jóvenes amantes, y la caminata extra valió la pena.
Guadalajara, sábado 7 de noviembre.
Viajamos a la ciudad de Guadalajara, que es la segunda ciudad más grande de México y es la capital del estado de Jalisco, al norte de Michoacán. Guadalajara tiene un paseo peatonal que va desde la plaza central y se extiende por un kilómetro y termina en el distrito del mercado. En esta plaza, hay mucha gente, entre hippies e indígenas, vendiendo artesanías. Los indígenas vendían hermosos trabajos de cuentas: Máscaras, jícaras y ranas. El mercado al lado de la plaza es tan grande como un estadio techado: de tres pisos de alto, tiene puestos de ropa, areas para comer, productos de piel, vegetales y comida, zapatos y productos de deportes. Cruzando la calle hay una esquina en donde las bandas de Mariachis se reúnen y, por una tarifa, cantan una o varias canciones a los personas que estan sentadas en las mesas de un restaurante al aire libre.
Durante todo este tiempo había disfrutado mucho de la comida mexicana. Quería comer todo lo que estuviera hecho de maíz. Los “chilaquiles” fueron mi descubrimiento favorito – basicamente son tortillas cortadas en trocitos, salteadas y cubiertas con salsa y queso fundido. Mi tolerancia por comidas condimentadas se ha incrementado y, sorprendentemente, durante todo el mes nunca tuve problemas estomacales. Debo decir que tampoco comí comida callejera ni bebí agua directamente de la llave; incluso mantenía mi boca bien cerrada cuando me bañaba.
Domingo 8 de noviembre.
Las elecciones a nivel nacional y municipal se llevaron a cabo hoy. El PRI ganó en dos estados y el PRD en uno. La amistosa dueña de la posada en la que nos hospedamos nos dijo que el PRI era malo, que eran ladrones. Salinas, el presidente anterior ha huido a Irlanda, evidentenmente el único país que no lo extraditaría. Su hermano Raúl se encuentra en la cárcel por haber defraudado millones de pesos.
Lunes 9 de noviembre.
Fuimos a un barrio en Guadalajara llemado Tlaquepaque, el cual vale la pena visitar simplemente por el nombre. Solía ser un pueblo cerca de la ciudad, en donde los ricos tenían sus villas. Ahora el pueblo ha sido devorado por la ciudad y todas esas bellas casas han sido convertidas en tiendas y galerías. Aún es placentero caminar por estas calles para ver la artesanía y trabajos en latón, bordados, máscaras de cuentas, textiles, cerámica y muebles tallados en madera. Mucha gente vende artesanías en las calles y cerca de ahí un hombre tocaba la marimba.
Vale le pena caminar en las tiendas y galerías para ver la manera en que los aristócratas solían vivir años atras. Cada casa tiene elaborados trabajos de herrería en las ventanas, un portón de madera tallada al fente y un patio matizado con coloridos mosaicos, y hasta quizás una fuente en el medio.
Guanajuato, martes 10 de noviembre.
Tomamos el autobús hacia el este. Al estado de Guanajuato, en el estado del mismo nombre. Guanajuato es el nombre indígena que significa “lugar de las ranas”. Este es un pueblo construido en una gran quebrada enmedio de las montañas. De alguna manera se parece a Sarajevo, porque puedes caminar del centro a una posición con una buena vista en unos cuantos minutos. La mayor parte del pueblo está empinado, excepto por la calle principal y aproximadamente cinco cuadras alrededor. El parque central tiene forma triangular y está rodeado de restaurantes. Siempre hay unas cuantas bandas de mariachis compitiendo por el negocio de los turistas y los paseantes locales.
Pasear por Guanajuato es un poco como pasear por Venecia, excepto que en vez de canales hay túneles a través de los cuales pasa el tráfico. Algunos de estos túneles fueron originalmente túneles de las minas locales, pero ahora sirven para mantener a los coches bajo la superficie de la ciudad y evitar que se adueñen de sus calles.
Guanajuato fue el lugar en donde Hidalgo tomó por asalto una armería [la Alhóndiga de Granaditas], durante la Guerra de Independencia de 1810. Tiempo después, cuando los españoles lo capturaron junto con otros tres líderes, los decapitaron y sus cabezas fueron colgadas en cada una de las cuatro esquinas de la Alhóndiga y las dejaron ahí hasta el fin de la Guerra de Independencia, aproximadamente cuatro años después.
Dormimos en la más placentera de las posadas, con un jardin interior lleno de plantas tropicales, cáctus, plantas frutales y aves canoras. Teníamos un cuarto en un piso elevado, por lo que podíamos ver hacia el patio por encima de la barandilla roja.
Mientras tanto, el huracán Mitch estaba azotando el Caribe, creando estragos en Honduras, Nicaragua y en buena parte de Yucatán. Escuché a alguien decir “Honduras se acabó, ya no existe”. Hubo más de 10 mil muertos en la región y en Honduras una quinta parte de las cosechas fue diezmada. Una mujer de USAID fue expulsada de Nicaragua por sugerir que la ayuda internacional debía ser canalizada a través de NGO’s (Agencias no-gubernamentales) para prevenir el robo del dinero. En Nicaragua, después del terremoto del ’72 Somoza se hizo rico mientras que Managua es todavía un lote valdío con unos cuantos edificios esparcidos alrededor. Por supuesto, nada de eso podría ocurrir ahora.
El Mexico City Times reportó que el 20% del ejército se encuentra en el estado de Chiapas (yo habia oido una cantidad más grande), en donde están vacunando a la población, construyendo caminos y brindando servicios médicos. Su meta es “ganarse los corazones y la mente de las personas” ¿En dónde he escuchado esta frase antes?
Miércoles 11 de Noviembre.
Subí por la colina que se encuentra a un lado de Guanajuato, en donde hay una estatua de un hombre sosteniendo una antorcha, a punto de quemar la armería o Alhóndiga. La frase que se encuentra al lado de la estatua reza: “Todavía hay otras Alhóndigas que quemar” Pienso en Jefferson nuevamente, pero al igual que Jefferson, la gente que construyó esta estatua en los 30’s se aseguró de que no más revoluciones pudieran ocurrir.
San Miguel de Allende, jueves 12 de noviembre.
Hicimos un recorrido de un día a San Miguel de Allende, el famoso pueblo en una colina que se ha convertido en una colonia artística para gringos. Es un pequeño pueblo bonito que tiene buenas vistas y buenas tiendas, en donde todo cuesta aproximadamente el doble del precio que en el resto de México. Al entrar al pueblo notamos un olor, y muchas casas dañadas a lo largo del río. Resulta que el río se había desbordado hacía un par de meses antes y no todo había sido reparado aún.
Kim y yo nos sentamos en una banca en el zócalo, y una mujer se nos acercó y nos preguntó si hablábamos español. Le preguntó a Kim: “¿Sabe usted de algún trabajo lavando ropa?” Nos dijo que la inundación había destruído la escuela, y la administración le estaba pidiendo dinero a los padres de familia para repararla. Ella nos dijo que dos famosos toreros habían hecho una corrida de toros para reunir dinero a beneficio del pueblo para ayudar con los trabajos de reconstrucción, pero que el dinero había sido robado. Dinero proveniente de los EU para reparaciones también había sido robado. Ella puso su mano en el bolsillo imitando a un ladrón y dijo “ es difícil par nosotros cuando ellos…” No hubo necesidad de que terminara la frase.
El periódico reportó que hubo un ataque del EPR en una estación de policía en el estado de Guerrero. El EPR es un grupo de insurrección guerrillera que opera en seis estados, y que no está relacionado con el EZLN en Chiapas. 50 hombres enmascarados destruyeron la estación de policía. Mientras tanto, en el norte de México, 18 miembros de una familia fueron masacrados en un ataque vinculado a algún tipo de rivalidad de carteles de la droga.
El periódico también reportó que ha habido tortura y desaparicipones en Guerrero y que 6 periodistas han desaparecido desde mayo de 1997.
Ciudad de México, sábado 14 de noviembre.
Regresé a la Ciudad de México. En la tarde visité el Museo de las Culturas, cerca del Zócalo. En donde vi una brillante exposición de artefactos pre-colombinos. Aprendí respecto a las principales regiones etnográficas del México pre-colombino: el área Maya, Oaxaca, el Golfo, la Costa Oeste, y el Altiplano, la Región Central alrededor de la Ciudad de México. Vi el trabajo artesanal de la gente de la antiguedad, quienes trabajaron en barro, madera, piedra y concha. Ellos pintaron murales en sus paredes antes de la llegada de los españoles; su trabajo era tan rico y elaborado como el de los antiguos egipcios. Sus temas eran la naturaleza, fantasía y la sociedad humana. Aguilas y otras aves , jaguares, buitres, ranas, monos y perros estaban representados. Guerreros, rituales sagrados, calendarios y música formaban parte de la representación de la vida contemporánea.
Había exhibiciones de otras partes del mundo, las cuales básicamente ignoré; sin embargo y por pura casualidad, entré a un salón lleno de artefactos de Bosnia, de mejor calidad que aquellos que puedes ver en la misma Bosnia. Esto se encontraba en la sección de “Jugoslavia”.
También había una exhibición de pinturas de un artista Haitiano. Sus pinturas mostraban la historia de Haiiti desde antes de su conquista. Una de ellas mostraba a los exploradores que llegaron, asesinando a los nativos en nombre de su religión. El título leía: “¿Cristianismo o satanismo?”
Domingo 15 de noviembre.
Este fue el día en el que me dediqué a recorrer museos. Visité varios murales de Diego Rivera, incluyendo los que se encuentran en el Palacio Nacional en el Zócalo. Este es una grndiosa pintura llena de brillo, color y detalles, representando principalmente la cultura de la gente indígena y su forma de vida antes de la conquista. Había escenas de gente cosechando, preparando la comida, hilando, construyendo y llevando a cabo sus rituales sagrados. Me percaté de que las caras son las caras que he visto en las calles de México. Otras escenas mostraban el arribo de los conquistadores y el cataclismo de su violencia. La formación de México con sus revoluciones y revueltas también estaba representado, con un retrato de Carlos Marx en uno de los extremos. Rivera definitivamente tuvo la influencia de Marx y la revolución Rusa, y su trabajo de alguna manera se encuentra atrapado en ese período histórico, dándole cierta originalidad. Pero también es una poderosa versión popular de la historia, que no se encuentra en los libros de texto y como tal me pareció un poco extraño que un gobierno tan conservador aún permitiera la exhibición de este arte. Quizás esta sea la propia versión del Gobierno Mexicano de coopción. La “Revolución” continúa de una forma mitológica institucional, completamente desvinculada de las necesidades de los mexicanos promedio.
Para darme un descanso de los museos me dirigí al Mercado de la Merced, al lado este de la Ciudad. Este mercado barrial supuestamente se remonta hasta el tiempo de los aztecas, y es demasiado grande para abarcarlo, excepto desde un helicóptero. Al aproximarme a la colonia, caminé por una calle con gente vendiendo toda clase de mercancías en la banqueta, con sus mercancías expuestas sobre tapetes. Jóvenes prostitutas regordetas se recargaban perezosamente sobre la cerca de cadenas. Repentinamente los vendedores comenzaron a recoger sus mercancías y a correr en diferentes direcciones: la policía se acercaba. Las prostitutas no se inmutaron. La libre empresa mexicana tiene una sutil diferencia de la de los Estados Unidos.
Al otro lado de la calle estaba la entrada del “Mercado del Dulce”. Ahí se venden malvaviscos, pulpa de tamarindo, dulce de ajonjolí, dulce de mijo, fruta cristalizada, paletas de caramelo y cientos de dulces coloridos que yo nunca había visto antes. Es posible que la cosecha entera de azúcar cubana de 1970 fuera usada para esta empresa. Había fruta cristalizada con abejas revoloteando alrededor de ella. Me pregunto como todas las abejas del altiplano entero encontraron este lugar específico en la atestada Ciudad de México.
En los mercados alrededor todo lo que había visto en otros mercados estaba también aquí a la venta, además de decoraciones navideñas, Cheerios a granel, jugos, agua, juguetes, piãtas, cigarros, jugo que puedes comprar en una bolsa de plástico con un popote para tomarlo. Un altavoz anunciaba curas para toda clase de enfermedades. Alguien vendía palomitas de maíz en un barril, y la gente que pasaba metía la mano para tomar una muestra, quizás una buena manera de adquirir una de esas enfermedades que se mencionaban en el altavoz.
Para culminar el día visité el Museo de Antropología, un museo de nivel mundial, tan grande como el Met en Nueva York. Esto es lo que contribuye a que México DF sea una ciudad a nivel mundial en la que uno debe detenerse por lo menos un par de días durante el trayecto a otros lugares. Debería de haber visitado este museo a primera hora de la mañana, pero esto también fue agradable. Durante un par de horas vagué por las salas de etnografía con exhibiciones detalladas de cada región de Mexico.Hay algunos artefactos traidos de algunas de las ruinas cercanas, para mayor seguridad, algunas de las mejores piezas, lo que hace que sientas ganas de visitar esas ruinas pronto.
Lunes 16 de noviembre.
Tomé un autobús a Teotihuacán, las antiguas ruinas del pueblo pre-azteca que construyó esta gran ciudad comenzando en el 200 AC, y que continuó hasta el 700 DC. Ellos construyeron la Pirámide del Sol y la Pirámide de la Luna, la primera es la más grande construcción precolombina en Mesoamérica. La ciudad estaba trazada de una manera ordenada, con una calzada principal que se extiende por varios kilómetros de sur a norte, con la Pirámide de la Luna en el extremo norte, la Pirámide del Sol en la mitad, y la Citadela, el Centro Sagrado, en el extremo sur. La calzada estaba guardada por pequeñas pirámides. Las placas de información estaban en idiomas español, inglés y náhuatl. Una placa decía que había 260 sacrificios humanos enterrados bajo la Ciudadela. Esto me recordó las leyendas en la región de los Balcanes respecto a los puentes construidos con un sacrificio emparedado en el puente, generalmente la esposa de uno de los constructores, para asegurar la estabilidad del puente.
Oaxaca; Martes 17 de noviembre.
Tomé un autobús por el montañoso camino que conduce a Oaxaca, pasando por cañones y bosques de pinos. Kim está viviendo ahí, y ella me enseñó los alrededores del zócalo, llenos de tiendas, restaurantes y un mercado. Kim me llevó a sus lugares favoritos donde comer, ir de compras y checar mi e-mail. Caminamos por el mercado cubierto que se encuentra bajo el zócalo, y visitamos las fábricas de chocolate. También sorprendente fue la Iglesia de Santo Domingo, que es la catedral principal y que está muy cerca de donde me hospedo. La Iglesia está llena de más oro del que he visto jamás en un solo sitio.
En la tarde, me senté en uno de los cafés al aire libre mientras disfrutaba de un grupo de marimba que tocaba en la banqueta. Cuatro hombres tocaban dos marimbas, cada uno de los hombres sosteniento dos mazos en cada mano. Los acompañaba un músico de conga e instrumentos de percusión. Vestían pantalones negros y camisas a rayas color caramelo, y tocaban una versión más orgánica de música de club nocturno, que si se puliera un poco y se le despojara de todo sentimiento quedaría bien en Las Vegas. El líder usaba una pequeña cola de caballo y lentes obscuros. Tocaron una canción gitana, después la Chica de Ipanema, varios temas de televisión, y cuando unos gringos canadienses les pidieron que tocaran “Mack the Knife” también la tocaron. Una pareja mexicana regordeta bailó alegremente en la calle una canción lenta. Una mujer indígena llegó con una canasta de flores en la cabeza, ofreciéndolas a todas las parejas jóvenes. “Chicos del Zócalo”, como Kim los llama, maloreaban a las jóvenes gringas.
Mientras estuve en México, noté que la actividad política popular se encuentrra casi en todas partes: protestas, volantes y pintas en las paredes, plantones, marchas. En Oaxaca había plantones enfrente del edificio municipal, a un lado de la plaza, durante toda la semana que pasé en la ciudad. La gente se sentaba ahí todo el día con grandes mantas protestando en contra de la corrupción del gobierno, la venta ilegal de propiedades y arrestos políticos. A veces había una camioneta con sonido que tocaba música popular. En la noche, la gente se acostaba en delgados tapetes de paja y se dormían sobre el duro pavimento.
Un grupo de inconformes era del pueblo de Loxica. Su pancarta decía: “Las familias de prisioneros políticos de la reguión de Loxica mantienen un plantón de protesta para demandar la libertad de 98 presos políticos que fueron arrestados de manera injusta y que se encuentran en varias cárceles…Demandamos justicia en más de 15 asesinatos cometidos por la policía, grupos paramilitares y pistoleros de la región. Estos policías y grupos paramilitares han sembrado el terror en nuestras comunidades a través de tortura, asesinatos y desapariciones. Ellos acusan falsamente a la gente indígena de pertenecer al Ejército Popular Revolucionario EPR, y han levantado falsos cargos en contra de nosotros de conspiración, sabotaje y rebelión, Estas son viles mentiras fabricadas por el gobierno y los caciques (grandes terratenientes) con el fin de justificar los arrestos de nuestra gente…”
“¡Libertad inmediata a todos los presos políticos de la región de Loxica! ¡No a la militarización del estado y de nuestras comunidades! ¡No a las violaciones de los derechos de la gente indígena! ¡Fuera el ejército de Loxica!”
Miercoles 18 de noviembre.
En la tarde escuché nuevamente a mi banda de marimba. Una mujer vestida con el atuendo rojo brillante de la etnia Trique vendía camisas tejidas a mano. Los gringos estabam sentados tomando, pidiéndo a un bolero que les aseara los zapatos, tomándose fotos unos a otros.
Me senté con unos gringos canadienses. Ellos me dijeron: “ No queremos que nuestro hijo venga aquí. El fuma mota. La policía le plantaría mariguana en sus pertenencias, lo acusaría de querer contrabandear droga y le cobraría una multa de $300 dólares”.
Viernes 20 de noviembre.
Hubo un gran desfile por el centro de la ciudad para conmemorar la revolución de 1910. Esperé parado en el sol por un par de horas para que el desfile comenzara, y para ese entonces ya tenía un niño de seis años ksobre mis hombros, muchos otros delante de mi, y sus mamás detrás de mi. Yo había esperado una exhibición de bailes folklóricos, pero en cambio vi pasar contendientes del club de escalada, el club de soccer, acróbatas y los jugadores del equipo de basquetbol local. Un grupo de patinadores trataba de evitar las piedras en la calle. La música venía de altavoces montados en carros que precedían a cada grupo. Un grupo de porristas, chicas jóvenes que realmente no estaban en forma como para levantarse del suelo eran llevadas en un carro. Su música era “La Cucaracha”, que dice: “La cucaracha, la cucaracha, ya no puede ceminar, porque no tiene, porque le falta, mariguana que fumar” …y yo me pregunto, ¿La cucaracha recibe una multa de $300 dólares o eso es sólo para los gringos?
Algunos niños y niñas pasaron vestidos de Zapatistas con armas de juguete, como si la suya fuera una historia de antes del tiempo de sus abuelos. Mientras tanto, guerrillas reales se encuentran en la selva de Chiapas cargados con armas verdaderas.
México es una disonancia cognoscitiva. El PRI roba tierras y mata campesinos, pero en sus mesas de campaña venden botones con la efigie del Che e incluso del Subcomandante Marcos del EZLN.
Domingo 22 de noviembre.
Visité Monte Albán, las antiguas ruinas Zapotecas que se encuentran en las montañas arriba de Oaxaca. Los Zapotecas son el grupo étnico más numeroso en el estado de Oaxaca. Ellos aún hablan su antigua lengua. En el período clásico construyeron una enorme e imponente ciudad con pirámides acomodadas alrededor de una plaza central. Algunas de estas pirámides son visibles desde Oaxaca. La ciudad se encuentra bastante bien conservada, incluyendo algunas tallas en piedra.
En el autobús de regreso de Monte Albán trabé amistad con una par de niñitas que se autoinvitaron a sentarse junto a mi. Ellas eran Norma de 9 años y Cristina, de 11. Me dijeron que habían estado en las ruinas “pidiéndole dinero a la gente para sus libros de la escuela”, pero que nadie les había dado nada. En México, como en otros países de América Latina las familias tienen que comprar los libros de texto para sus niños.
Les pregunté a Norma y a Cristina si vivían con sus padres. Me dijeron que su padre estaba en la cárcel porque habia matado a su mamá, y que ahora ellas vivían con sus abuelos y con su hermana de 2 años de edad. Me contaron esto secamente y al minuto siguente estaban bromeando y sonriendo otra vez.
De regreso en Oaxaca me encaminé a un pequeno museo que tenía anunciada una exhibición de Kosovo. Apenas podía creer que una exhibición así llegara a Oaxaca. De hecho, era una pequeña exhibición, del tamaño de la mitad de una hoja de madera, sin embargo, los textiles que mostraban eran de excelente calidad. Mucho más que eso, la muestra contenía una completa y exacta explicación de los eventos que estaban ocurriendo en Kosovo, actualizados al punto de mencionar las recientes masacres en Donje Obrinje que habían ocurrido el pasado septiembre.
Lunes 23 de noviembre.
Tomé un tur de un día a las ruinas un poco más recientes del Mitla, con una parada en el publo de Tlacalula, que valió la pena simplemente por tener la oportunidad de pronunciar ese gracioso nombre. Era el día después del día de mercado, por lo que no había mucho que ver. Era un día sin mercado, si no un día después del mercado. Pero escuché una banda de metales y seguí la música, y encontré a la banda frente a la iglesia. Unas dos docenas de ancianos estaban sentados afuera. No tenía idea de qué estaba ocurriendo hasta que una niña de unos cuatro años, vestida en terciopelo rojo, salió de la iglesia acompañada de sus padres. Era la celebración de su primera comunión.
La niñita estaba parada tan tiesa como la Reina Victoria, y obviamente no sabía que hacer, acompañada por una amiga vestida de blanco. Las dos obviamente querían irse, poder jugar en la tierra. La madre tomó un par de puñados de pesos y los echó a los viejos, quienes se encaramaron a recogerlos, como palomas peleando por migajas de pan. Yo quería creer que ellos estaban luchando por la buena suerte que daban las monedas, o algo diferente que el sólo poder comprar una hogaza de pan. La banda de metales precedió a la familia, amigos y a la Reina Victoria por la calle principal de el pueblo, de otra manera adormecido, y yo me encaminé a la estación de autobuses.
Mitla fue una ciudad del post-clásico precolombino, que se remonta desde el 1100 DC hasta la llegada de los españoles. Los conquistadores dejaron algunos de los edificios en pie, nivelaron algunos otros. Una iglesia que fue construida sobre los templos se levanta al extremo final del pueblo, el cual ha permanecido contínuamente inhabitado. Caminé desde la parada de autobuses cuesta arriba a través del angosto pueblo hasta donde se encuentran las ruinas. El pueblo estaba callado, medio vacío, polvoriento y pobre, excepto por los puestos de artesanías cerca de las ruinas. Pero en este Lunes, había valiosos turistas para favorecerlos. Caminé de la catedral a las áreas de los restos de los antiguos edificios. Las ruinas estan caracterizadas por fachadas poco comunes con intrincados diseños geométricos, que no había visto en otras muestras de arte mesoamericano.
¿Cómo se sintieron los Zapotecas cuando vieron a su civilización siendo destruida? ¿Sus lágrimas quedaron grabadas en alguna parte?
Martes 24 de noviembre.
Regresé para mi última visita al D.F., soportando una inspección militar “de rutina” en mi camión en el camino de regreso. En las noticias, 200 policías de la ciudad han sido arrestados por aceptar sobornos, robo y homicidio. Estos policías estaban en contubernio con algunas de las 750 pandillas de jóvenes, que hacen de la Ciudad de México un lugar interesante para vivir. Una redada en una estación de policía fue encabezada por policías de otra estación usando máscaras de esquiar. Cientos de policías trataron de prevenir que los otros entraran en la estación.
Mientras tanto el EZLN, los rebeldes zapatistas, tenían una reunión con el gobierno para discutir el estancamento de 2 años en el “proceso de paz” (nunca puedo tomar esa frase completamente en serio). Los rebeldes piden su autonomía y la implementación de una ley de Derechos Indígenas.
El Miércoles ví un plantón en el Zócalo. Los habitantes de algunas de las innumerables colonias remotas del D.F. estaban protestando en contra de la incapacidad del alcalde Cárdenas para cumplir sus promesas de campaña. Su pancarta leía:
“Los líderes del Movimiento Antorchista han rechazado, una vez más la invitación del gobierno del D.F. par tener un “diálogo” de nuestras peticiones: agua y drenaje para las colonias de Cuautepec, créditos para la construcción de unidades habitacionales… una vez más estamos recibiendo únicamente diálogo, pero no propuestas de solución… es claro que estas reuniones están planeadas por el gobierno únicamente como una medida de publicidad para descreditar nuestras movilizaciones. Pero nosotros no estamos buscando sólo diálogo, sino soluciones a nuestros problemas…”
Más tarde viajé a una de las remotas colonias , Coyoacán, la cual obviamente no se encontraba involucrada en este tipo de luchas. Coyoacán fue el primer asentamiento europeo en el área. Desde aquí Cortez lanzó su ataque a la ciudad azteca de Tenochtitlán. Coyoacán es un apacible y agradable vecindario, lleno de casas del principio de la colonia, muchas de las cuales (en la avenida Francisco Sosa) han sido convertidas en galerías abiertas al publico.
En los patios del museo platiqué con un par de trabajadores, uo de los cuales vestía todo de negro, tenía una cruz colgada al cuello y una hoz y martillo en su cachucha. El me dijo: “Yo creo en tres cosas: Dios, Jesús y la Muerte”. Yo le dije: “Yo creo que usted es muy Mexicano”. También hablé con el director Rafael, un joven inteligente que estaba ansioso de practicar su inglés. Yo aproveché la oportunidad para preguntarle respecto al incidente de Tlatelolco, respecto al cual había visto pintas en las paredes en todo México. El me explicó que Tlatelolco es una explanada en la cual había ocurrido una masacre de estudiantes que protestaban hcía 30 años. El me dijo que más de 2,000 fueron asesinados por escuadrones de la muerte que habían sido entrenados en Estados Unidos (de hecho fueron asesinados por personal militar regular del ejército Mexicano).
Tijuana y la frontera; Jueves 27 de noviembre.
Viajé a Tijuana y de ahí a San Diego en ruta a Seattle. Las noticias importantes eran que a Pinochet, el exdicatador de Chile, quien había sido arrestado en Inglaterra, se le había negado la inmunidad política y iba a ser extraditado a España. Así es que la justicia, aunque a veces fortuita, ocasionalmente existe. Mientras tanto en México, los directores de los bancos estaban pidiendo que el presidente de la Suprema Corte fuera desaforado e indictado por aceptar sobornos y abuso de influencias.
Desperté a la mañana siguiente, la primera en los Estados Unidos desde el verano de 1997, en un “Motel 6” en las afueras de San Diego. Estaba limpio, vacío falso y muerto. Caminé al exterior a un mundo de asfalto en donde nada era real –todo era comida falsa, carros que en Bosnia sólo los gangsters pueden darse el lujo de poseer, nada de relaciones interpersonales. Una flor de ave del paraíso que se veía un poco lejana de su verdadero hogar, floreaba en la que, de otra manera, sería un jardín completamente estéril de una estación de Gasolina Texaco.
Unas últimas palabras para mi cuaderno de notas: “Anuncios de Navidad, comida falsa, noticias falsas –¡Auxilio!”
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