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| Larry Bennett |
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Michoacán, 1998: Mariposas blancas del tamaño de una mano revoloteavan entre los pinos y aguacates en el sol templado de noviembre. Mientras, adelante de nosotros en el camino, una niña de secundaria se encaminaba a una cita con su novio. Nosotros cruzamos un risco y zigzagueamos el camino que descendía por el risco hacia el fondo, en donde la cascada Tzararacua nos sorprendió, precipitándose en una laguna con su gran vaporosa fuerza.
Yo estaba trabajando en Bosnia. En ese verano fui a Mexico a visitar a mi amiga Kim. Durante nuestra estancia en la ciudad de Uruapan, Michoacán, hicimos un viaje de un día a los bosques, para ver la Tzaráracua. Mientras Kim se relajaba, yo crucé un puente de piedra dirigiéndome hacia la siguiente colina, y otra más, para encontrar la hermana menor de la cascada, la Tzararacuita. Una niña de secundaria se encontró con su novio. Media docena de jovencitos en traje de baño me mostraron el camino a la cascada, escondida en el denso bosque, y no perdieron más tiempo para saltar al lago.
Recargado en el pasamanos del puente, en mi camino de regreso, estaba un gringo alto con una cámara. Vestía pantalones de mezclilla, una camisa a cuadros escoceses y una barba espesa y castaña; me dijo “Bway-nis Tar-dis”. De regreso en el risco, me senté con Kim en un puesto de refrescos al aire libre con una increíble triple vista de los riscos alrededor, los bosques verdes, barrancas y tierras de cultivo. Dos niños descalzos servían a los clientes y jugaban en el polvo, su madre se había ausentado para atender al bebé en otra parte. Le platiqué a Kim respecto al gringo en camisa a cuadros. “Te apuesto que es de Seattle –le dije-, probablemente de Ballard entre la calle Market y la 90” (Ballard es una colonia plácida pero sin llamativo en particular en donde la clase trabajadora de los tiempos modernos, carpinteros hippies en vias de envejecer, tienden a asentarse). Kim se aventuró a suponer que a él legustaban los bailes de cuadrilla, pero yo no estaba tan seguro de esto. Kim fue a comprarnos Cocas cuando el gringo llegó y comenzamos a platicar.
Le pregunté, “¿de dónde es usted?”, él dijo “Seattle”. Le pregunté, “¿Es usted de Ballard?” y el dijo sí. Le dije, “Entonces usted provablemente vive entre Market y la 90”. Sus ojos se abrieron como platos: “¡Sí!”, entonces le pregunté, “ Y, ¿vive entonces usted del lado este de la avenida 15, al noroeste?” No, él era del lado oeste. Me falló ésta última. De hecho, yo sabía de dónde era el gringo de camisa a cuadros. Ya lo había figurado. La camisa a cuadros eliminaba Bosnia, su altura elimanaba Mexico y casi todo el resto del mundo. El acento me indicaba la costa oeste de EU y todo junto indicaba Ballard. En lo profundo de mi mismo yo incluso sabía que él era del lado oeste de la avenida 15, pero mis propios caprichos me hicieron suponer mal. Si yo fuera espiritualmente más puro, es dicir, si fuera vegetariano, meditara y bebiera sólo agua, habría acertado en todo. Los tres platicamos. El gringo usó el resto de su español para peresentarse: “May yommo Mark Parker”.
Hablamos sobre la decisión de Kim de asentarse en Mexico, y de nuestros respectivos intinerarios. Mark Parker nos dijo de su viaje para ver a los indigenas del Lago de Pátzcuaro y observar los rituales de media noche del Día de Muertos. El dijo que le disgustaba ver los cambios que estaban ocurriendo en las comunidades locales. “La gente está obteniendo electricidad ahora, y muy pronto ya no van a vivir de la manera en que solian vivir antes. Yo creo que el gobierno debería subsidiar estas villas para que mantengan su antiguo estilo de vida”.
Mark Parker le preguntó a Kim de donde le venía su gusto por la aventura. Ella mencionó que su papá la cargó en su espalda a la edad de dos meses a través del Cañón del Colorado; tambien algo respecto a la ocasión en que estuvimos en Gaza durante la Intifada. Ya después le pregunté a Kim lo que significa “aventura”. En mi caso yo no considero el viajar una aventura, es más una necesidad. Para mí, “aventura” suena como algo raro y exótico, como un viaje espacial en donde aterrizas en un planeta rocoso y tienes que moverte en un traje espacial con zapatos especiales que, de alguna manera, mantienen tus pies en el suelo y tienes que ser cuidadoso para evadir a los gigantescos gusanos-monstruo que vienen a acecharte. Pero tu campo de energía te protege, y tu casco tiene un aparato que de alguna manera mantiene el visor sin empañarse mientras corres por tu vida.
Visitar México no es una aventura para mi porque no necesito un campo de fuerza. Yo viajo en camiones y me quedo en hoteles baratos porque quiero ver cómo los mexicanos son iguales a mi, no como son diferentes a mi. No es una aventura para mí, porque sé sufuciente español para poder leer el graffiti en la pared en el centro de Uruapan: “2 de Octubre –Conmemorando el 30 aniversario de la masacre de Tlatelolco: Porque el color de la sangre no se olvida”.
La sangre de los mexicanos es del mismo color que cualquier otro, el mismo que en Bosnia, el mismo que en Ballard. La única diferencia entre nosotros es la suerte. La gente en Ballard tiene mucha suerte. La mayoría de ellos tiene trabajos que pagan lo suficiente para cubrir la renta. La gente en Bosnia no es tan afortunada. Los indios Tarascos del area cerca de la Tzaráracua son pobres y no muy afortunados. Pero ellos tienen la suerte de poseer aún su propio lenguaje, a diferencia de aquellos nativos que solían poblar el área que ahora es Ballard, Seattle. Los indios Tarascos tienen suerte de que los turistas gringos vengan y paguen para visitar su esplendorosa cascada. Tambien tienen suerte de no vivir al este, en el estado de Chiapas, en donde la gente rica, subsidiada e ignorada por el gobierno de Mexico, han tomado posesión de la tierra que pertenecía a los indígenas y pagan a escuadrones de la muerte para masacrarlos.
Con todo el respeto a Mark Parker, yo desearía que los indígenas en Mexico tuvieran electricidad y pudieran cambiar su forma de vida. Desearía que, por lo menos algunos de ellos tuvieran computadoras y teléfonos y correo electrónico para que pudieran cominucarse entre sí y organizarse para decidir qué hacer con el corrupto gobierno y los ricos que roban sus tierras y los asesinan.
Quizás eso sería algo así como una aventura.
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